Fotosíntesis Colombia, rescatadores de orquídeas

Fotosíntesis Colombia, rescatadores de orquídeas

Fotosíntesis Colombia, rescatadores de orquídeas

Noticia publicada por el diario El Espectador:

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En las madrugadas, antes de meterse monte adentro en busca de orquídeas y bromelias que podrían desaparecer arrasadas por la construcción del oleoducto Bicentenario, Alejandro Calderón y un equipo de biólogos que lo acompañan repiten en sus cabezas un mantra: Si el pasto está muy alto, no entro. Si hay un pozo de agua sospechoso, no me acerco. Si veo que el terreno no tiene huellas de ganado, no lo piso. (Vea aquí las galerías de los recatadores)

El pasado 8 de marzo, mientras se trepaban en un helicóptero rumbo a la vereda Cravo Totumo, en Tame, Arauca, Alejandro y su colega Mauricio Casas volvieron a repetirlo. Los acompañaban tan sólo 10 militares, en lugar de los 50 hombres del Batallón Energético Vial, que junto con sus perros antiexplosivos les han servido de guardaespaldas durante el último año como contratistas de la multinacional Sicim —una de las empresas aliadas del consorcio del oleoducto Bicentenario—, para resarcir el impacto ambiental que traerá la construcción de las obras que se extienden, en su primera fase, por más de 230 kilómetros.

“Los militares estaban aterrorizados, se preguntaban por qué arriesgaban sus vidas cuidando a unos muchachos que venían a rescatar plantas que para ellos son maleza. Y es que el día anterior dos de sus compañeros habían muerto al otro lado del río, después de que estallara una mina. Menos mal los ríos trazan fronteras”, dice Alejandro.

Al llegar a la vereda, los dos biólogos señalaron a los militares los árboles que querían explorar. Los uniformados, con un ojo entrenado para detectar posibles campos minados, caminaban despacio. Cuidando cada movimiento. Alejandro y Mauricio los seguían en fila india. Obedientes. “Nunca se pisa tranquilo”, dice Calderón.

Iban, sin embargo, impacientes. El reloj corría. Antes de las 2:00 p.m. tendrían que estar de regreso en el pueblo. A partir de esa hora cualquier cosa puede pasar. En Tame, como en Yopal, Nunchía, Paz de Ariporo y otros de los lugares de Arauca y Casanare, que han visitado para recoger epífitas amenazadas, es difícil adivinar de dónde vendrá el próximo ataque.

“A esa hora siempre hay que guardarse” y las precauciones regresan a la cabeza: no hablar con nadie, no comentar el proyecto, no decir que soy biólogo, no salir a la calle sin avisarles a los militares, no salir. Cualquiera puede ser informante.

Fotosíntesis, el proyecto liderado por Calderón y Casas, ha trasladado 2.000 plantas epífitas (que crecen en los árboles) desde estas zonas en conflicto hacia la reserva La Marteja, en Casanare, donde son cuidadas y monitoreadas diariamente para garantizar que sigan con su ciclo de vida, no se extingan y dejen una nueva generación.

“Estamos creando un protocolo de rescate y siembra para la preservación de orquídeas que es nuevo en el país. Me apasiona ir y hablarles a las comunidades y a sus niños sobre preservación. Aunque no dejo de sentir miedo, y mi esposo y mi familia no dejan de preocuparse”, dice Cynthia Pinzón, bióloga del proyecto.

El contrato del rescate pronosticaba un mes de trabajo de campo, los plazos se han venido alargando hasta completar casi un año. Las cosas se hacen al ritmo de la guerra. Las intimidaciones de los grupos guerrilleros, sumadas al retraso en la adjudicación de la licencia ambiental y las demoras en la negociación de los predios, tienen retrasadas las obras de la primera fase del oleoducto, que desde Araguaney en Yopal (Casanare) y Banadía en Saravena (Arauca) debía estar listo a finales del año pasado.