AL RESCATE DE LAS EPÍFITAS

AL RESCATE DE LAS EPÍFITAS

AL RESCATE DE LAS EPÍFITAS

POR: DIEGO F. MEJÍA / PARA CATORCE6

Un total de 609 plantas se han rescatado del tramo Araguaney-Banadía, en el departamento de Arauca. Los biólogos de Fotosíntesis Colombia, salvan estas plantas y las extraen para luego intervenirlas y transportarlas por terrenos agrestes hasta una reserva natural donde serán trasplantadas, cuidadas y estudiadas.

Entre Arauca y Casanare se realiza el Proyecto Oleoducto Bicentenario, con una gestión ambiental bastante rigurosa. De acuerdo con su compromiso y el cumplimiento de los requerimientos que señala la licencia ambiental 0793 del 02 de mayo de 2011, la actividad de rescate de epifitas se constituye en una parte fundamental que aporta a la conservación de estas especies.

Las epifitas son plantas que viven sobre otras plantas. Crecen sobre árboles, cables de alta tensión, techos, vallas publicitarias o lámparas del alumbrado público. Con frecuencia son llamadas “parásitas”; no obstante, a diferencia de estas, las epifitas no invaden los tejidos de su hospedero para extraer agua o alimento. Las bromelias, orquídeas, helechos y cactus son considerados epifitas. En nuestro país alcanzan su máxima diversidad y abundancia en bosques lluviosos y de niebla, aproximadamente entre los 1.900 y 2.500 metros sobre el nivel del mar; entre ellos están los que se encuentran en la Reserva Natural La Planada, en Nariño; en la Reserva Natural Bremen - La Popa, entre los departamentos de Quindío y Risaralda; en el Santuario de Fauna y Flora Iguaque, en Boyacá; en el Parque Nacional Natural Tatamá, entre Chocó, Risaralda y Valle del Cauca; y en el Parque Nacional Natural Las Orquídeas, en Antioquia. En estos lugares, un solo árbol puede albergar más de 50 especies de epifitas, por lo que se considera que la precipitación horizontal en forma de neblina, más que la precipitación vertical en forma de lluvia, juega un papel preponderante en el desarrollo y evolución del epifitismo.

EL RESCATE DE ESTAS ESPECIES EN EL OLEODUCTO

Alejandro Calderón, biólogo, trabaja para Fotosíntesis, una empresa dedicada a la investigación y educación ambiental que ha llevado a cabo varias iniciativas de rescate de epifitas. Actualmente desarrolla para el Proyecto Oleoducto Bicentenario de Colombia el rescate de aquellas que se encuentran a lo largo de los 230 kilómetros del trazado que inicia en Araguaney, una población ubicada a 20 kilómetros del casco urbano de Yopal (Casanare), y se extiende paralelo a la cordillera Oriental hasta Banadía, Arauca.

Calderón indica que “a lo largo del derecho de vía del tramo Araguaney-Banadía se han rescatado un total de 609 plantas de 46 especies. De estas, 459 plantas corresponden a especies protegidas por veda; las otras 150 fueron rescatadas teniendo en cuenta el estudio poblacional que hizo el equipo científico y la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (Cites, por sus siglas en inglés), que ampara a las orquídeas y a otras especies de epifitas. Estamos rescatando epifitas de los diversos paisajes del piedemonte llanero: bosques de galería, morichales, potreros arbolados, sabanas y agroecosistemas. Más de la mitad de especies rescatadas corresponden a orquídeas”.

 

NO TODO ES COLOR ROSA

Debido principalmente a la deforestación con fines agrícolas y de expansión urbana, muchas especies de epifitas se encuentran en peligro de extinción. Según Eduardo Barrera, profesor jubilado del Departamento de Biología de la Universidad Nacional, “además de las orquídeas, epifitas como los quiches, musgos y líquenes eran extraídos de los bosques de montaña para ser usados en la decoración de pesebres y árboles de Navidad. Los páramos y bosques andinos se estaban degradando, por lo que, a finales de los setenta, el Inderena tuvo que prohibir la extracción de quiches, musgos y otras epifitas”. Aparte de almacenar agua, las epifitas aumentan significativamente la capacidad de carga de los bosques y captan nutrientes del aire y el polvo que, de no ser por estas plantas, no estarían fácilmente disponibles para otros organismos del ecosistema. Barrera agrega que “gracias a la importancia ecológica de las epifitas, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible ha venido dándoles más importancia no solo a los árboles, sino también a las plantas que crecen sobre ellos”.

REGULACIÓN E IMPACTO AMBIENTAL

Los trabajos de investigación en biodiversidad llevados a cabo por grupos del Instituto Alexander von Humboldt, el Invemar, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, universidades y diferentes organizaciones científicas del país, sirven hoy como sustento técnico de las nuevas políticas y leyes ambientales. Un ejemplo es la Resolución 383 de 2010 “por la cual se declaran las especies silvestres que se encuentran amenazadas en el territorio nacional y se toman otras determinaciones”. Las especies listadas en esta resolución se encuentran en algún grado de vulnerabilidad y sobre ellas recae una veda que debe ser observada rigurosamente.

AL RESCATE DE LAS EPÍFITAS

Previo a la construcción de una obra que pueda generar impacto ambiental, un grupo de biólogos se interna en las áreas de influencia de la misma para realizar inventarios de especies de epifitas. Durante meses, en largas y extenuantes jornadas, recorren grandes trayectos de selva, bosque, llanura o páramo, en busca de datos que les permitan determinar el estado de las poblaciones de epifitas e identificar las especies con mayor grado de vulnerabilidad. Constanza Moreno, consultora ambiental, explica que “si durante la realización del estudio se constata la presencia de especies amenazadas en el área de influencia de la obra, se debe elaborar y radicar ante la autoridad competente un Documento de Solicitud de Levantamiento de Veda. Una vez levantada la veda, los investigadores inician un trabajo quirúrgico para remover las especies más vulnerables del área de la obra y trasladarlas a una zona de reserva, donde serán protegidas y estudiadas. Esto es lo que se conoce como ‘rescate de epífitas’”.

EL EPIFITARIO, UNA RESERVA GENÉTICA

El área al que son llevadas las epifitas rescatadas se conoce con el nombre de epifitario. Además de encontrarse en un área de reserva y ser similar al hábitat natural de las plantas, el epifitario debe tener alta disponibilidad de agua para riego y debe presentar la posibilidad logística de hacer monitoreo constante de las plantas, sus hospederos y polinizadores. “Las 609 epifitas rescatadas del trazado del Oleoducto Bicentenario fueron llevadas a La Marteja, una reserva natural ubicada a orillas del río Chire, en las veredas Camelias, San Luis del Aricaporo y Gayureme, jurisdicción del municipio Hato Corozal, en el departamento de Casanare. En sus 300 hectáreas, La Marteja comprende diferentes tipos de paisajes representativos del piedemonte llanero, como bosques intervenidos, potreros, pastos arbolados, bosques primarios y zonas de reforestación. En la reserva, en un trabajo conjunto con Corpoorinoquia, se conservan y protegen los ecosistemas no intervenidos y se adelantan proyectos de reforestación y reintroducción de zainos, picures, onzas, jaguares, plantas y otras especies silvestres.

Hemos podido trasplantar 635 plantas en La Marteja, ya que 26 individuos fueron propagados vegetativamente. Tan pronto las plantas son fijadas sobre los árboles del epifitario, iniciamos un plan de arranque que consiste en aplicarles hormonas, riego y abono frecuente para que se adapten con mayor facilidad a su nuevo ambiente. Una vez establecidas, hacemos un seguimiento riguroso del desarrollo de las plantas a través de un programa de monitoreo constante”, afirma Calderón.

En Colombia no son muchas las experiencias que se tienen de rescate de epifitas. “Es una metodología que apenas estamos estandarizando en el país, con pocos antecedentes, aunque con muy buenos resultados. Lo que se espera de todo esto es que los epifitarios se conviertan en reservorios de información y material genético, y que funcionen como puntos de dispersión y repoblamiento de otras áreas”, explica Eduardo Calderón.

Eduardo Calderón es especialista en orquídeas. Editó, junto a otros investigadores, los Libros Rojos de Plantas de Colombia. Según él “el factor más importante en la supervivencia de las plantas de un epifitario es la luz. Una vez establecidas las plantas, se debe tener cuidado en la escogencia de los criterios para medir y juzgar la eficacia de un rescate. No basta con sacar las epífitas de un área y llevarlas a una reserva; se debe seguir y registrar su desarrollo y estudiar qué tan prolíficas son, cuáles se están reproduciendo y cuál es la tasa de producción de cápsulas de semillas”.

Sin embargo, los investigadores coinciden en que por mucho que se refinen las técnicas de rescate de epífitas y mitigación ambiental, las iniciativas más efectivas para proteger este importante grupo de plantas son aquellas orientadas a la protección de los árboles sobre los que viven, los organismos con los que se asocian y las fuentes de agua. Como en la mayoría de los casos, las medidas preventivas son las más efectivas. Un esfuerzo concertado por aumentar el área de reserva natural, preservar nuestros ecosistemas, aminorar la presión del consumo humano sobre los recursos naturales y por estudiar, valorar y aprovechar responsablemente nuestra biodiversidad, es la estrategia más eficiente para rescatar el futuro de nuestro medio ambiente.